HUERTA GRANDE ... mi amor!!!

lunes, 9 de noviembre de 2009

GRACIAS...

... a los que tienen la gentileza de pasar por acá y a aquellos que, además, dejan su mensaje.
Este es un blog muy especial, porque en el pongo lo que me nace del corazón por este lugar sagrado para mí; es un pedazo de mi país que tengo metido en el alma.
Pido perdón por dejarme llevar por los recuerdos y no ser objetiva; pero siento que Huerta merece este espacio porque es mucho más que un lugar hermoso. Es uno de los tanto lugares que Dios creo para regocijo de todos y tenemos la obligación de preservar para las generaciones futuras.

Es un placer recibir sus visitas...

Obrigado

viernes, 6 de noviembre de 2009

Frambuesa



Ya la presenté en sociedad y ahora quiero mostrar su evolución. Hoy está tan fresca y rosagante como se ve en la foto a pesar que la foto no es muy nítida.
Con todo lo mal que nos portamos con ella, la naturaleza no deja de maravillarnos.

Más historias de Huerta


LOLI...


Los perros en Córdoba son parte de la población local. Están siempre sueltos, no están perdidos, saben donde están; descansando a la sombra de los árboles, mirando a los que pasan sabiendo quienes son. A la noche, cuando vuelven los caballos de paseo, empieza un dialogo entre los perros más próximos, a los que se van sumando los que están más lejos; Loli también forma parte de esos "coloquios nocturnos". Es una labrador con los ojos más dulces como jamás vi, en un cuerpo dorado como el sol y de una imponencia que da miedo, pero inmediatamente se acerca a uno con tanto cariño y con esa mirada tierna en los ojos, que te compra el alma. Tiene dueño, pero es de todos. Nos conoce y nos acompaña. Hace tres años que la conozco; nos vemos en enero, pero apenas llego sale corriendo a saludarme como si no hubiese pasado todo un año. Me acompaña en el desayuno y nos saludamos al irnos a dormir; está conmigo mientras cocino, leo o descanso abajo de los árboles. Por todo pago, lo único que pide son incansables cariñitos en la panza; parece mentira que semejante cuerpo pueda hacer contorsiones como si fuera un caniche-toy.
Acostumbra entrar a nuestra casa saltando por la ligustrina, pero su pancita prominente aveces le dificultaba el salto por lo cual, una noche la acompañé a la casa por la calle; cuando vuelvo a mi casa, la encuentro sentada en el pasto esperándome: fue como para morirme de amor.
Ella es el ejemplo de la lealtad en los perros. Contó su dueño, que vive en la casa de al lado, que una vez alguien trato de acercarse al auto de un turista que estaba ocupando la casita que usualmente alquilamos nosotros; ella apenas escuchó el ruido, saltó la ligustrina y corrió al desconocido, que al verla desapareció en un segundo. Puede dar tanto amor como temor. Creo que esa es la virtud de los perros: detectan instintivamente la bondad o la maldad.
Le gustan los chicos; durante la temporada acostumbra entrar a los hoteles, para jugar en la pileta con ellos.

Espero que esté bien; tengo muchas ganas de verla.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Imagenes del paraíso


Esta plaza está atrás de la Parroquia de Ntra.Sra.Del Carmen. Está tan limpia y cuidada como se ve en la foto. Una maravilla, con las Sierras Chicas de fondo qué más se puede pedir. Realmente un regalo de Dios.






Cielo nocturno en Huerta. La luna juega a las escondidas, atrás del pino y nos sonríe con todo su brillo.











Esta calle se llama Antártida Argentina, y es la que tomo para llegar al pueblo. Me acompaña en todo el trayecto la imponencia de la Sierra Chica. No puedo decir lo que siento cuando camino por estos lugares, porque no encuentro las palabras; esto solo se siente. Lo que puedo decir es que se siente tanta paz como se ve en la imagen.







Esta foto es de la zona de El Mirador. Desde acá se ven claramente las Sierras Chicas (como en la foto), subiendo un poco más y girando hacia la derecha, vemos el Cordón del Tala, a nuestros pies se desparrama el pueblo, que sube y baja, y la Iglesia de Ntra.Sra.del Carmen al fondo como siempre, cuidando a toda Huerta. Si seguimos el camino que se ve al fondo y nos vamos hacia la izquierda de la foto, y seguimos caminando por un ratito (no más de 5 minutos), llegamos a un mirador desde donde se puede ver Thea y Villa Giardino. La magia de las sierras... son muchos los pueblos pero el valle es uno... PUNILLA!!!

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Sequía


Siempre nos sentimos espectadores de la realidad hasta que nos encontramos siendo protagonistas o, mejor dicho, víctimas de ella.
No creo haber tenido mucha culpa del daño provocado al medioambiente, porque amo y respeto a la naturaleza y su creación. Sin embargo, acá estamos, en esta situación límite de todas las situaciones límites posibles: NO TENEMOS AGUA!
Estoy en la ciudad de Buenos Aires, que es mi lugar de origen y mi residencia (por el momento), a pesar de lo cual me considero involucrada en esta realidad. No puedo pensar en el problema de la sequía como "de ellos", los cordobeses, porque lo siento mío porque también me siento cordobesa. Todo lo que pase en cualquier parte de la provincia me toca directamente.
Como dije, no soy, por lo menos, la más responsable; es cierto que perjudicamos la tierra, aveces sin saber. Yo trato de rever mi conducta y mejorar. Trato de hacer lo que debo con la intensión de que se revierta en algún momento la situación.
Tenemos la solución en nuestras manos, así como fueron nuestras manos las que nos llevaron a esto. Fueron nuestras manos y la ambición desenfrenada de algunos ignorantes que piensan que el "poder" que les da la riqueza los va a proteger del final. Por desgracia no se van a dar cuenta del error en el que están.
Sueño con el día que vuelva a escribir sobre la felicidad de ver los ríos rebosantes de agua y vida. Cuando vuelva a ver esos arroyos cristalinos corriendo entre las piedras; oír de lejos el ruido del agua corriendo por las sierras, besada por los sauces que se inclinan a su paso como un gesto de amor. Le dicen sauce llorón porque sus ramas cuelgan, pero para mí no es un gesto de pena, más bien es una reverencia.
El Nano Serrat dice:

DE VEZ EN CUANDO LA VIDA NOS GASTA UNA BROMA,
Y NOS DESPERTAMOS SIN SABER QUÉ PASA,
CHUPANDO UN PALO SENTADOS SOBRE UNA CALABAZA.

Foto: Balneario de Huerta Grande, imagen tomada en enero 2009.

jueves, 29 de octubre de 2009

Una historia de Huerta

Ahora que empecé a hablar de la importancia fundamental que tiene el trabajar la tierra, hoy más que nunca, quiero hacer un homenaje muy especial.
En los veranos que pasamos en Huerta, mi mamá solía comprar la verdura que consumíamos, a una pareja de abuelos que vivían a pocas cuadras de nosotros, sobre la calle Cap. Mario Arruabarrena (para la gente de Huerta: a 100 metros aproximadamente del "Bar Huguito", Hostería en realidad)
Me atrapaba la presencia de esas "persona mayores"; me contagiaba el respeto que mi mamá sentía por ellos (yo podía sentirlo sin que ella me lo dijera). Me maravillaba ver a la abuela encorvada en la tierra, como saludándola en gratitud por los frutos que les prodigaba. Ambos trabajaban esta tierra fecunda; tenían las manos curtidas por la tierra y los años. Se los veía alegres, cargando todos esos años a cuestas, pero no cansados ni por las exigencias de la tierra ni por la edad. Hablaban despacio y casi murmurando, en un dialecto entre italiano y cordobés; el hombre caminaba sobre la tierra fresca con firmeza, siempre con una herramienta en las manos y una sonrisa en los labios. Se los notaba tan felices que les brillaban los ojos. Vivían en una casita humilde, con toda la majestuosidad de esa palabra, hoy tan devaluada.
Cuando me veo las manos llenas de arcilla, dando forma a una idea, me acuerdo de esas manos y me siento muy bien. De alguna manera, creo que es ese recuerdo que guardo en mi interior, lo que me llevó ahora finalmente a aprender a trabajar la tierra. Creo que ahora el círculo se cierra para mí.
Cuando volví a Huerta después de tantos años, me acordé de ellos y pensé en esa casita, cuando de pronto me dí cuenta que estaba parada frente a ella.
Obviamente ya no están los abuelos. La casa parece que no estuviera habitada; solo da cuenta de vida en ella, la ropa tendida en la soga. El pasto está verde y hermoso; invadió las terracitas que hicieron los abuelos para salvar el desnivel del suelo y poder sembrar. Hoy son manos jóvenes las que deambulan por esa casa porque hay juguetes diseminados por el terreno, pero la tierra ya no brinda sus frutos.
La tierra cómplice, encierra en sus entrañas el fruto del esfuerzo y trabajo de esas manos añosas. En definitiva, lo que la tierra guarda es el secreto de una vida buena.
Con su sola presencia formaron una parte de mi. Los llevo muy adentro, hoy mientras escribo esto puedo verlos saludándonos con ese cariño que tiene la gente con paz interior, los que son felices. Dicen que al final lo que cuenta de nuestra vida es si dejamos algo en el recuerdo de la gente o pasamos al olvido. Tal vez el mejor homenaje que les puedo hacer soy yo misma manteniéndolos vivos y siguiendo su ejemplo lo mejor que puedo.

lunes, 26 de octubre de 2009

Calentamiento global

Vida... Eso es exactamente de lo que se trata, de dar vida...
Hace tiempo que la situación en la que estamos poniendo al planeta me tiene de cabeza. Finalmente le encontré la vuelta: si somos nosotros los que estamos matando nuestro mundo, también somos nosotros los que podemos y tenemos la obligación de salvarlo. No se nada de botánica, y el recuerdo que tengo de mis proyectos al respecto, son "tristes"; nunca pude "dar vida".
Hace bastante me puse de corazón en el tema. Con la ayuda de internet y mi afan por saber, encontré un montón de información. Hoy tengo en curso la vida de una planta de frambuesa (que es una de mis debilidades) y almácigos con perejil, albahaca y bulbos de fresias y ornithogalum. No puedo explicar lo que sentí cuando vi aparecer las primeras hojas... solo puedo disfrutar del recuerdo de ese sentimiento indescriptible, creo que hasta lloré (en ese momento no estaba conciente de mi).
Nunca entendí cómo un ser humano puede terminar con una vida, propia o ajena, animal o vegetal. Cómo se puede lastimar la tierra... Es algo que espero no entender nunca, sino... ay de mi.
Aprovecho a presentar en sociedad a mi frambuesita...
Un especialista de la ciudad de Córdoba, dijo que el daño ambiental es reversible, solo tenemos que plantar tres árboles cada uno de nosotros. Me maravilla la actitud que tomaron Cadena 3 y funcionarios de la provincia de regalar árboles a la gente, durante todo este año. No recuerdo la cifra exactamente pero son muchos miles los que ya fueron entregados para ser plantados. También, admiro y respeto a la gente como la huerta orgánica Aromas, que hacen tanto por la tierra; gente que sabe tanto.

En cuanto a mí, esta experiencia que estoy haciendo desde mi humilde lugar, en un pedacito de la ciudad de Buenos Aires, la tomo como un entrenamiento para después seguir en Huerta Grande, sumando vida a la vida y amor a la tierra. Para curarle las heridas que gente sin alma le provoca con cada incendio; para que toda Córdoba recupere, en toda su magnificencia, la hermosura que impactó a los españoles que llegaron en el siglo XVI y que hizo que se enamoraran de ella.

Es un placer indescriptible hundir las manos en la tierra, sentir su frescura y hasta sentirla latir. Se puede palpar la vida. Dicen que hay que trabajarla con guantes, pero no... yo prefiero sentirla.